Arde Bogotá llega a Brooklyn con nuevo disco y su propuesta de rock en español

Arde Bogotá
Crédito de foto: Dela Puente

Desde Cartagena, España, Arde Bogotá llega a Nueva York para llevar al escenario de Brooklyn su potente propuesta de rock en español. La banda, integrada por Antonio García (voz y guitarra), Dani Sánchez (guitarra), Pepe Esteban (bajo) y José Ángel Mercader (batería), se ha ganado un lugar destacado en la escena musical española desde su debut con El tiempo y la actitud (2020). Su crecimiento se consolidó con La Noche (2021) y, especialmente, con Cowboys de la A3 (2023), álbum que alcanzó el número uno en ventas, obtuvo certificación de platino y les valió nominaciones al Latin Grammy, además de varios reconocimientos de la industria musical española.

Arde Bogotá
Crédito de foto: Dela Puente

El próximo 8 de noviembre, Arde Bogotá se presentará en Elsewhere, en Brooklyn, como parte de su gira estadounidense, que también incluye conciertos en Los Ángeles y Miami. La visita llega con nuevo material bajo el brazo: Manufacturas del Club de la Gente Sola (MCGS), su tercer álbum, grabado en Los Ángeles junto al reconocido productor Joe Chiccarelli. Antes de subir al escenario neoyorquino, Antonio García y Dani Sánchez conversaron con Noticia sobre el origen de la banda, las historias detrás de sus canciones, su evolución musical y lo que esperan encontrar en su encuentro con el público de Nueva York.

Ustedes son de Cartagena, España, pero llevan el nombre de una ciudad colombiana. ¿Cómo surgió la idea de llamarse Arde Bogotá y qué significa hoy ese nombre para ustedes?

Antonio García (cantante): El nombre viene de una aventura. Bogotá fue el primer lugar donde sonaron nuestras canciones. Yo estaba de viaje, de fiesta allí, cuando hicimos las primeras demos y las recibí. Se las mostré a unos amigos y les encantaron. A partir de ahí surgió una especie de idilio con la ciudad, con la capital de Colombia.

Lo que significa actualmente es algo que jamás pensamos que llegaría a significar. Ya no hace referencia a aquella aventura, a aquella noche ni a aquellos amigos. En realidad, hace referencia a la gente que entiende esto como algo emocionante, que se divierte en los conciertos, que se tatúa en la piel las letras de nuestras canciones y que ha encontrado en este proyecto algo que la emociona y le da ganas, como mínimo, de bailar y cantar.

Arde Bogotá

Arde Bogotá ha conseguido llevar su música a escenarios cada vez más grandes. ¿Cómo recuerdan los primeros días de la banda y qué ha sido lo más inesperado de este camino?

Dani Sánchez (guitarrista): Realmente, no ha cambiado mucho nuestra manera de vivir los escenarios desde aquellos primeros días. Quizá antes las cosas no eran tan profesionales, pero siempre nos lo hemos tomado muy en serio. Siempre hemos asumido mucha responsabilidad, tanto en los ensayos como en los conciertos. Desde los pequeños garitos hasta las grandes arenas y los grandes recintos en los que hemos tocado, siempre hemos tenido un profundo respeto por el escenario, el público y lo que estamos haciendo.

Seguimos teniendo la misma seriedad que al principio. Lo que cambia un poco es el paisaje, la gente que viene a vernos y quienes trabajan con nosotros. Ahora el equipo es enorme. En aquellos momentos éramos nosotros cargando nuestros amplificadores y guitarras; ahora hay muchísima gente cargando camiones. Pero, en esencia, creo que el alma del proyecto sigue siendo la misma y mantenemos la visión y la ambición del primer día.

En Manufacturas del Club de la Gente Sola exploran temas como la soledad y la dificultad para conectar con los demás. ¿Qué experiencias personales o momentos de sus vidas inspiraron las canciones de este álbum?

Antonio: Fundamentalmente, la sensación de estar sintiendo algo que no querrías sentir. Pensar: «Yo no quiero sentir esto. No lo he elegido y no me apetece tenerlo». Sin embargo, no te lo puedes quitar. Cuando la televisión te muestra imágenes que no quieres ver, la apagas. Cuando el videojuego que estás jugando te aburre, lo quitas. Pero cuando te sientes culpable, triste o solo, o cuando tienes un deseo que te gustaría no tener, de repente no puedes quitarlo.

Ahí empezó la reflexión: ¿qué pasaría si uno pudiera elegir qué siente y cuándo lo siente? ¿Quién podría hacer eso? ¿Cómo se fabricaría? ¿Dónde se ubicaría? Así comenzó toda la aventura de imaginar un corazón que no siente o que siente a placer, según nuestro deseo. Y de ahí nació este mundo.

Arde Bogotá
Crédito de foto: Dela Puente

Los cuatro llevan años compartiendo ensayos, giras y decisiones creativas. ¿Cómo se reparten las ideas dentro de la banda y qué suele pasar cuando no están de acuerdo sobre una canción?

Dani: Las decisiones creativas son bastante democráticas. Ponemos en común las ideas que trae cada uno e intentamos que todas tengan cabida dentro de nuestro imaginario. A partir de las primeras composiciones, las ideas empiezan a tomar una dirección y vamos decidiendo juntos qué camino seguir.

Cuando no estamos de acuerdo sobre una canción o una propuesta, solemos ser bastante respetuosos y confiar en el criterio de los demás. Si alguno no ve una idea, normalmente la descartamos, porque necesitamos estar todos convencidos de lo que hacemos y poder firmar juntos las canciones. Nadie debe quedarse con una espinita clavada al publicar un disco; todos tenemos que sentirlo como propio. También es importante saber escuchar las propuestas de los compañeros y reconocer cuándo una idea puede ser buena para el proyecto, aunque inicialmente no sea la que uno tenía en mente. Creo que es un proceso bastante democrático.

Para grabar este álbum viajaron a Los Ángeles y trabajaron con Joe Chiccarelli. ¿Qué fue lo que más les sorprendió de esa experiencia y qué aprendieron que se llevaron de vuelta a casa?

Antonio: En pocas palabras, aprendimos que los límites creativos de Arde Bogotá están mucho más lejos de lo que pensábamos. Somos capaces de hacer más cosas de las que creíamos y esta banda puede enfrentarse a cualquier reto. Creo que ahora nos consideramos capaces de hacer con una canción lo que nos apetezca. Simplemente, hay cosas que nos resultan más naturales y, por tanto, las hacemos antes; otras no nos salen de manera tan natural, no sabemos hacerlas de inmediato y necesitamos más tiempo.

Pero creo que no hay nada en lo musical que no nos atrevamos a intentar. Eso es lo que aprendimos en Los Ángeles: estas cuatro personas, estos ocho brazos, pueden construir lo que se propongan.

Arde Bogotá
Crédito de foto: Dela Puente

Después del éxito de Cowboys de la A3, ¿hubo algún momento en el que sintieron la presión de superar lo que habían conseguido? ¿Cómo afrontaron esa expectativa al empezar a trabajar en el nuevo disco?

Dani: Es cierto que Cowboys de la A3 nos ha traído muchas alegrías y logros. Por eso, al empezar a trabajar en nuevas canciones, es inevitable que surjan expectativas sobre lo que vendrá después y cómo lo recibirá la gente. Es el típico miedo a la página en blanco.

Creo que esa presión se suaviza cuando te encierras en el local de ensayo con el resto de la banda, compartes ideas y te concentras en lo que realmente quieres hacer, no en lo que espera el mundo. Preguntarnos cómo queremos que sea el disco y hacia dónde queremos llevar al grupo nos ayudó a poner las cosas en perspectiva y a relajarnos durante el proceso creativo, incluso en el estudio de Los Ángeles.

Los nervios volvieron antes del lanzamiento, cuando empezamos a sentir que todo ese trabajo saldría al mundo y estaría al alcance del público.

El 8 de noviembre tocarán en Brooklyn, como parte de su gira por Estados Unidos. ¿Qué les gustaría que el público de Nueva York descubriera de Arde Bogotá en este concierto y qué les gustaría llevarse ustedes de esta experiencia?

Antonio: Creo que podemos ofrecerle al público una manera muy propia, muy nuestra, de entender el rock and roll. Es lo que hay en este álbum: un sonido que nos pertenece y que tiene tintes de flamenco, pasodoble y rumba, pero también elementos de punk, rock stoner, influencias que hemos traído de Estados Unidos y cosas que hemos aprendido aquí, en Cartagena.

Es una mezcla muy personal, muy nuestra, que puede resultar interesante y emocionante para el público de Nueva York.

Y lo que esperamos llevarnos es nuevos amigos. Al final, lo mejor que nos ha dado la música es la gente que hemos conocido: las personas que encontramos tocando en otros lugares, quienes trabajan con nosotros, quienes vienen a vernos y los músicos que conocemos. Es lo más interesante que hemos obtenido de esta experiencia y ojalá podamos conocer a mucha gente nueva en Nueva York.