Andre: del sueño de Times Square a hacer historia con una canción en quechua

Andre
Credit Jose Chala

Cuando vivía en Nueva York, Andre caminaba por Times Square y miraba las enormes pantallas imaginando que algún día su música también estaría allí. Años después, ese sueño se hizo realidad, pero el camino que la llevó hasta ese momento estuvo lejos de ser sencillo. Formada en The Juilliard School, la artista peruana dejó atrás la ópera para encontrar una voz propia en la fusión de sus raíces peruanas, su herencia familiar y los sonidos que marcaron su vida. Con Sagrado Corazón, abrió una nueva etapa artística que hoy cobra una dimensión histórica con “La Puñalá”, la primera canción en quechua nominada a los Latin Grammy.

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Credit Jose Chala

Detrás de ese sueño cumplido hay 15 años de esfuerzo, muchos rechazos y una decisión que marcó un antes y un después en su carrera: regresar a Perú para reencontrarse con sus raíces y descubrir qué quería expresar a través de su música. Hoy, la nominación de “La Puñalá” a los Latin Grammy no solo reconoce su talento, sino que también abre una puerta para que el quechua y otras expresiones de la cultura latinoamericana lleguen a nuevas audiencias.

¿Qué pasó por su mente cuando vio su música en las pantallas de Times Square y cómo logró transformar sus experiencias personales en canciones que conectan con otras personas? Conoce la historia detrás del sueño que Andre hizo realidad y el camino que todavía quiere recorrer con su música.

Durante años, la ópera fue el centro de tu vida profesional. Llegaste a formarte en The Juilliard School y construiste una carrera dentro de la música clásica. ¿En qué momento sentiste que ese camino ya no era suficiente para expresar todo lo que querías decir como artista?

Esta idea llevaba varios años gestándose. La música a la que estuve expuesta en Estados Unidos, especialmente en Nueva York, alimentó mi deseo de fusionar sonidos. Cuando llegué a la ciudad, no sabía qué esperar: estaba lejos de casa, de mi idioma y de mi zona de confort. Lo único que quería era absorber todo lo que me rodeaba.

En 2019 decidí pasar de la ópera al pop porque quería experimentar con ideas que ya rondaban mi mente y explorar mi creatividad en otro espacio. Quería romper algunas reglas y atreverme a probar cosas que no sabía si podía desarrollar dentro de la música clásica. Por eso decidí emprender ese camino desde Perú.

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Javier Funez-Gabriel Cordova

Tu álbum Sagrado Corazón reúne tres dimensiones de tu identidad: tus raíces peruanas, tu formación clásica y la artista que quieres llegar a ser. ¿Cómo fue reconciliar esas partes de ti y convertirlas en un lenguaje musical propio?

Tenía muy claro el punto de partida y la estructura de mi primer disco. Quería que fuera una carta de presentación de quién era Andrea: la artista que dejaba atrás su etapa como Andrea Cisneros en el mundo de la música clásica para convertirse simplemente en Andre. Mi objetivo era unir esos tres pilares sin que ninguno compitiera con los demás.

El proceso tuvo muchos altibajos y me enseñó tanto como artista como mujer, especialmente dentro de una industria en la que también estaba aprendiendo a desenvolverme como artista independiente. El mayor reto fue salir nuevamente de mi zona de confort y atreverme a hacer algo distinto, sin perder de vista lo que quería expresar.

“La Puñalá” nació de una traición a la confianza y terminó tomando forma en apenas una hora. ¿Qué pasó para que una experiencia tan dolorosa se transformara en una canción?

A diferencia de mi disco anterior, no me senté con mi compañera y coautora, Nuria, con la intención de escribir una canción. Nos reunimos para tomar un café y hablar de la vida. Tenemos una conexión musical muy especial; la considero una hermana musical, aunque venimos de lugares distintos. En mi álbum anterior había contado una historia de amor desde una perspectiva más teatral y cinematográfica, pero esta vez quería hablar de algo que me había pasado a mí.

La canción surgió espontáneamente, con letra y melodía, en apenas una hora. Quería hablar de una experiencia humana, más allá del amor o el desamor, y permitir que quien la escuchara pudiera identificarse y pensar: «A mí también me pasó». La decepción y la traición son experiencias que, desafortunadamente, forman parte de la vida. Decidí transformar lo que sentía en música, compartirlo y dejar que otras personas hicieran suya la canción.

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Credit Jose Chala

Cuando una herida personal se convierte en música, también deja de pertenecerte únicamente a ti. ¿Qué sentiste al escuchar la canción terminada y darte cuenta de que aquella experiencia podía conectar con las vivencias de otras personas?

Lo primero fue sentir que había superado un reto musical, porque conseguir la sonoridad que buscaba con los instrumentos que quería utilizar no fue sencillo. Cuando pruebo una canción, suelo compartirla con mi mejor amiga, mis hermanas y mi mamá, pero no les pregunto si les gusta, sino qué sienten al escucharla. Mi papá me enseñó a escuchar música de esa manera, con canciones de Celia Cruz, Benny Moré y otros grandes artistas. Para mí, no basta con que una canción tenga un ritmo atractivo: también quiero que su letra llegue a las personas.

Mi mejor amiga se identificó con la historia y, después del lanzamiento, recibí una respuesta muy positiva. En BlizzCon, una fan se acercó emocionada y me contó que “La Puñalá” la había acompañado después de que su novio la traicionara y le mintiera. Me dijo que la canción expresaba lo que sentía mientras atravesaba esa etapa. Ese encuentro me recordó por qué elegí dedicarme a la música: no hay recompensa más bonita que saber que alguien conecta genuinamente con lo que haces y encuentra en tus canciones una manera de expresar sus propias emociones.

“La Puñalá” reúne el cajón afroperuano, el landó, la guitarra flamenca y el bombo legüero, e incorpora el quechua como parte esencial de su identidad. ¿Cómo nació esta fusión de sonidos y lenguas, y qué significa para ti llevar la cultura peruana a nuevas audiencias?

Quería combinar un instrumento folclórico peruano con otro latinoamericano. Elegí el cajón afroperuano porque crecí en Lima rodeada de música criolla y forma parte de los recuerdos musicales de mi familia. También quería incorporar una percusión que dialogara con él y pensé en el bombo legüero, tradicional del folclore argentino. Aunque ambos instrumentos comparten graves y agudos, tienen ritmos distintos y proceden de regiones diferentes. El reto era encontrar una manera de unirlos sin perder la esencia de cada uno. Después de varios días experimentando con los patrones rítmicos junto a mi productor, incorporamos también la guitarra flamenca, que representa mi herencia española. Mi padre es de Huancavelica y Áncash, mientras que mi madre tiene raíces en la costa norte del Perú y en Andalucía.

El quechua surgió como otra conexión familiar: la guitarra representa el vínculo con mi madre y el quechua, con mi padre, cuya familia hablaba el idioma, aunque no me transmitió esa tradición oral. Por eso trabajo con mi profesora de quechua, Carmen Cazorla, hablante nativa de la comunidad quechua chanca de Ayacucho, para asegurarme de que el idioma se incorpore con respeto y coherencia cultural. Ella revisó las letras y me ayudó a corregirlas. Para mí, cada instrumento y cada elemento de una canción debe tener una razón de ser. Esa atención al detalle también estuvo presente en Sagrado Corazón y seguirá formando parte de mi próximo proyecto.

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Credit Ghislain Thau

La nominación de “La Puñalá” marca un hito por ser la primera canción en quechua nominada a los Latin Grammy. ¿Qué significa abrir ese espacio para una lengua originaria en una industria musical de alcance internacional? ¿Sientes una responsabilidad especial por lo que esta nominación puede representar para otros artistas y hablantes?

Definitivamente, siento una gran responsabilidad desde que recibí la nominación. Es un precedente importante que demuestra que podemos crear música en nuestras lenguas originarias y llevarla a nuevas plataformas y audiencias. Durante muchos años existieron prejuicios en torno al quechua que llevaron a muchas personas a dejar de utilizarlo, a pesar de que millones de personas lo hablan en Perú, Bolivia, Argentina, Ecuador y otros lugares. Si el quechua puede llegar hasta aquí, también pueden hacerlo otras lenguas originarias, como el mapuche y las lenguas indígenas de la Amazonía.

Me enorgullece que este reconocimiento pueda motivar a artistas independientes que crean música en lenguas originarias y a quienes trabajan con el folclore latinoamericano. También puede ayudar a visibilizar a los grandes artistas que tenemos en Perú y en otros países. Siento que, al tener ahora esta atención, puedo compartir el trabajo de otros músicos y abrirles espacio. Quiero llevar este reconocimiento a mis comunidades en Perú y España y colaborar con más artistas independientes que estén explorando sus tradiciones culturales.

Tu música ha llegado a Times Square y ha recibido atención de medios internacionales. ¿Cómo vives el contraste entre ese reconocimiento global y la búsqueda íntima que dio origen a Sagrado Corazón?

Pienso mucho en todo el camino que he recorrido. A veces la gente me dice que he tenido suerte, pero yo creo que se trata de preparación y oportunidad. Llevo 15 años en esta industria, muchos de ellos como estudiante, tocando puertas que no siempre se abrían. Ahora, al recibir este reconocimiento, miro hacia atrás y me digo que hice bien en no rendirme después de tantos rechazos. Un profesor me decía que esta es la carrera de los 99 noes y un sí, pero ese sí puede cambiarlo todo.

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Credit Jose Chala

No siento que mi éxito haya llegado de la noche a la mañana. Vengo de una familia con recursos limitados y he trabajado muy duro, con sacrificios y mucho tiempo lejos de casa. Recuerdo que, cuando vivía en Nueva York, iba a Times Square a mirar las pantallas e imaginar que algún día estaría allí. Hoy me alegra ver que ese esfuerzo empieza a dar frutos, pero siento que todavía tengo mucho por hacer y demostrar, tanto por mi música como por la cultura de mis dos países, que también son dos partes de mí.

Saliste de Perú para perseguir un sueño artístico y, años después, encontraste una nueva voz al reencontrarte con tu cultura. ¿Qué tuviste que dejar atrás para descubrir que una parte de lo que buscabas siempre había estado en el lugar del que venías?

Volver a casa me permitió reencontrarme conmigo misma en muchos aspectos y crear mi disco desde un lugar mucho más sincero. Aunque salí de Perú muy joven para perseguir un sueño, sabía que necesitaba regresar al origen para descubrir qué quería expresar a través de mi música.

Regresar no significa dar dos pasos atrás, sino hacerlo con otra visión, con más madurez y una perspectiva diferente de la vida, la familia y el trabajo. Volver me ayudó a entender qué quería hacer con mi música. No solo regresé para crear un disco, sino también para reencontrarme con mi hogar. Eso era justamente lo que necesitaba para crear lo que hoy está sonando.