La jornada electoral del martes se vislumbraba que iba a ser histórica y vaya que lo fue. Desde muy temprano las informaciones en los medios periodísticos y televisoras detallaban un clima especial para este «Election Day» del 3 de noviembre.
En juego estaba nada menos que el control del Congreso de Estados Unidos, todavía en manos del partido republicano, ante «la amenaza» que venía con el avance de los candidatos del partido opositor – el demócrata- decididos a arrebatarles el poder para comenzar a poner orden desde Washington.
Y esa sensación de querer «ajustar cuentas a los incumbentes» se podía sentir en los centros de votación a lo largo del país, una tendencia que ya se notaba en las encuestas previas que otorgaban victorias al partido azul marcando el descalabro del bando rojo, un golpe al ego de su facción denominada «MAGA» y al mismo presidente Trump.
Y el área metropolitana de Nueva York no fue la excepción. Aquí también el aire a revancha se tradujo en votos de protesta y cuestionamiento de parte del electorado, en votos de protección a la gente trabajadora de nuestra comunidad y en votos que desean un cambio real para mejorar la situación económica, política y social que atraviesa EE.UU.
Y si el alza del precio de la gasolina, de los productos del mercado y de los servicios básicos fueron un gran motivo para acudir a las urnas, el tema de la crisis en la Inmigración y el acoso sistemático de la agencia ICE aterrorizando vecindarios locales, también jugó su papel en estos comicios.
No quieren a «La Migra»
En el condado neoyorquino de Queens, el más diverso de la nación, estas elecciones de medio término despertaron la participación activa de los ciudadanos estadounidenses que querían hacer sentir su voto, especialmente de los hispanos, que recientemente vieron como en este lugar los agentes de ICE, encapuchados y bien armados, arremetían en las calles buscando arrestar a inmigrantes para cumplir su agenda y, en algunos casos, operando «bajo un perfil racial» anti latino.
Por ejemplo, en el sector de East Elmhurst, cercano a los barrios hispanos de Corona y de Jackson Heights, los votantes acudieron a las urnas con calma y firmeza, y aunque muchos prefirieron no responder a nuestro requerimiento periodístico y a nuestras preguntas (nos ubicamos a 100 pies de distancia del centro de votación como pide la norma), los electores manifestaban con gestos y miradas que mejor «su voto hable por ellos».
Con el correr de los minutos, de la tarde y de la noche en Nueva York, los votantes salían de sufragar luciendo orgullosos su sticker de «I voted». Tampoco se animaban a hablar oficialmente, pero sí nos comentaban que habían ejercido su derecho. Y una ligera sonrisa de satisfacción en sus caras delataba sus ansias de cambios urgentes y mejoras en la política actual.
«Tuve que votar demócrata»
Quien sí no dio unos minutos para declarar fue una ciudadana estadounidense, de origen ecuatoriano, que tras acudir a votar en una escuela local, nos expresó en plena calle lo que muchos no habían dicho en voz alta: el miedo a «La Migra» existe aquí y no lo quieren más.
A la señora Hilda Robles, votante en Queens, le preguntamos:
¿Para Usted cómo ha sido participar en esta jornada electoral?
– «Estuvo muy bien, rápido, no hubo contratiempos ni nada».
¿Cuál es su opinión de estas elecciones?
– «Que estamos con miedo … No sabemos a cuál elegir en realidad porque hay mucha controversia, tanto de un lado como del otro».
¿Han sido muy polarizadas estas elecciones, del lado republicano y demócrata, qué piensa de esta situación?
– «Pienso que todos tienen un lado bueno y un lado malo. Ahorita lo malo que estamos viendo es de los republicanos, entonces casi todo el mundo, creo, está inclinándose demócrata por lo que hemos visto de Inmigración».
¿Usted podría decirnos por quien votó?
– «Oh sí, tuve que votar demócrata».
Muchas gracias por respondernos …
– «Gracias a Usted, buenas tardes».
Y así acabó este diálogo electoral. Dicen que para muestra un botón. En estos comicios de medio término el temor a ICE impulsó la votación de los hispanos en Nueva York, para que se escuche fuerte en Washington.
Desde esta comunidad inmigrante, dinámica y trabajadora, pusieron su granito de arena para intentar para el caos. Una crónica de una «ola azul» anunciada.





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