Brooklyn ya empieza a sentir la energía del Mundial 2026 y los negocios latinos afinan detalles para recibir a miles de aficionados que buscarán mucho más que ver un partido: quieren vivir una experiencia.
En ese mapa de lugares que combinan cultura, comida y comunidad, Alma se posiciona como uno de los espacios más vibrantes. Con más de 25 años de historia y raíces en la cocina de Oaxaca y Puebla, el restaurante mexicano se prepara para convertirse en punto de encuentro durante la temporada futbolera, apostando por una mezcla de gastronomía, ambiente y vistas que lo distinguen dentro del paisaje de Brooklyn.

Ubicado en un edificio de tres niveles, Alma ofrece una experiencia que se adapta a distintos públicos. En el primer piso, el ambiente es relajado y social: televisores, billar y un bar activo que convierte cada partido en una celebración colectiva. El segundo piso suma más capacidad, pantallas adicionales y un ambiente ideal para grupos grandes que quieren vivir la emoción del Mundial sin perder comodidad.
Pero es el rooftop el que eleva la experiencia. Con vistas abiertas hacia Downtown Manhattan, el río y la Estatua de la Libertad, el espacio se transforma en uno de los escenarios más atractivos del restaurante. Allí, los visitantes pueden elegir entre sumarse a la fiebre futbolera o simplemente disfrutar de una cena, un cóctel y la ciudad desde las alturas.


Para Roberto López Pacheco, presidente de Alma, esa diversidad de espacios define la esencia del restaurante desde la primera visita. “Yo creo que es un lugar único, muy especial, porque tiene tres pisos”, explica. “El primer piso es para quien no quiere una cena tan formal o familiar; ahí pueden pasarla bien, jugar billar o ver algún partido. El segundo piso tiene la cocina y otro dining room. Y el rooftop, con una vista tremenda hacia Downtown Manhattan, también está disponible. Por eso ofrece alternativas para cualquier persona”.

Esa misma lógica de experiencia se extiende a las noches culturales que el restaurante ha impulsado en los últimos años. El rooftop, que ha sido escenario de iniciativas como Arte con Alma, se transforma en un espacio vivo donde la comunidad participa directamente.

“La experiencia siempre es muy bien recibida, muy buena, la disfrutan mucho. Todo el mundo se va muy feliz con lo que vive aquí”, comenta López Pacheco sobre esos encuentros donde el arte y la comunidad se cruzan sin barreras.
Con el Mundial acercándose, ese espíritu se traslada al fútbol. Alma se prepara para convertirse en un punto de encuentro clave en Brooklyn, activando sus tres niveles para los watch parties y adaptando su propuesta a la intensidad del torneo.


La experiencia se complementa con una propuesta especial de comida y bebida pensada para el Mundial. El restaurante ofrecerá un trago de la casa y platos como tacos de pollo, con un precio accesible para grupos. Entre las opciones, la margarita de pepino sigue siendo una de las favoritas del público, aunque aún se define cuál será el cóctel oficial del torneo.
Más allá de la logística, lo que define a Alma es la forma en que recibe a su comunidad.
“Lo primero que me encantaría es que sientan lo mismo que a uno le gusta sentir: ser bien recibidos”, dice López Pacheco. “Y ver esa tremenda vista del rooftop, que es increíble, inmensa. Puedes ver el río, la Estatua de la Libertad y todo Downtown Manhattan. Eso es lo que me gustaría que vivan. Que se vayan encantados y felices con toda la experiencia”.
En una ciudad donde cada esquina compite por atención, Alma apuesta por algo más simple y poderoso: quedarse. Compartir la mesa, mirar el partido, levantar la mirada hacia la ciudad y sentirse parte de algo más grande.
El Mundial traerá su propio espectáculo global, pero en Brooklyn se vivirá también en lugares como este: donde el fútbol no solo se mira, sino que se celebra en comunidad, entre comida, vista y conversación.
Visita www.almabk.com para reservaciones y más información.





















