En el marco del Día de la Madre, las historias que trascienden lo familiar y logran impactar a toda una comunidad adquieren un significado especial. Ese es el caso de la ecuatoriana Charito Cisneros y su hija, Rommy Pennella, quienes han convertido su vínculo en un motor de cambio a través de la NY Hispanic Cosmetology & Beauty Chamber, fundada en 2007.
La organización nació con un propósito claro: fortalecer la industria de la belleza y abrir caminos para quienes buscan una oportunidad. Desde sus inicios, ha apoyado a empleados de salones y propietarios de negocios, brindándoles herramientas para crecer profesionalmente y alcanzar estabilidad económica. Detrás de esta misión hay también una historia personal.
“Antes de fundar esta organización, fui maestra en una de las escuelas de belleza más grandes de Estados Unidos, Wilfred Academy”, recuerda Charito. “Ahí vi de cerca la necesidad: muchos profesionales que venían de otros países tenían experiencia, pero debían repetir su formación porque sus certificados no eran reconocidos”. Tras el cierre de la escuela, vio una oportunidad: “Dije: ‘Esta es mi oportunidad de apoyar a mi gente’. Así nació la primera Cámara de Comercio de Cosmetología y Belleza en Estados Unidos”.

Lo que comenzó como una iniciativa pionera creció rápidamente. Hoy cuenta con más de 5,000 miembros y ha impactado a miles de personas. A través de talleres, seminarios y asesorías, la Cámara ofrece orientación en creación de negocios, gestión empresarial y desarrollo profesional, además de conectar a la comunidad con recursos financieros.
Su impacto va más allá del ámbito laboral. Durante casi 24 años, han brindado servicios gratuitos en la Corte Suprema del Bronx, apoyando a mujeres sobrevivientes de violencia doméstica. También organizan talleres comunitarios donde enseñan habilidades como manicura y maquillaje para generar ingresos desde casa.
Para muchas mujeres, especialmente madres, esta industria representa una puerta accesible. “Es una carrera corta que permite trabajar y cuidar a los hijos. Muchas comienzan sin recursos, pero terminan convirtiéndose en empresarias”, explica Charito. En este camino, su hija Rommy ha sido clave. “Fue la primera persona con la que hablé… y me dijo: ‘Mami, yo te apoyo’”.

Rommy asumió luego el liderazgo como presidenta, aportando una visión estratégica. “Nuestra comunidad necesitaba más apoyo, no solo para obtener una licencia, sino para transformar sus vidas”, señala. Su enfoque ha sido fortalecer la parte empresarial: “Hay mucho talento, pero no siempre conocimiento para abrir o manejar un negocio”.
Madre e hija han aprendido a trabajar juntas con límites claros. “No somos madre e hija, somos profesionales”, dice Charito. “Somos un equipo y sabemos separar lo personal de lo profesional”, añade Rommy. Juntas han creado una red de apoyo que transforma vidas, como la de una mujer que llegó sin rumbo y hoy tiene un negocio exitoso.
La organización ha expandido su alcance a países como México y Argentina, ganando la confianza de la comunidad. Para Charito, el futuro está en la nueva generación: “Quiero que esto evolucione. Se necesita gente joven para llevarlo a otro nivel”.
En este Día de la Madre, comparten un mensaje: “Háganlo. Con respeto y propósito, pueden lograr cosas increíbles”, dice Rommy. “Si tienes un sueño, trabaja por él y sigue adelante”, añade Charito. Porque cuando una madre abre camino, construye futuro para toda una comunidad.
























