Para Chika Di, nada en su imagen es casual. Su cabello de dos colores —rubio y negro— simboliza la mezcla de culturas que ha marcado su vida desde que salió de Medellín y comenzó una nueva etapa en Estados Unidos. Esa combinación —auténtica, vibrante y llena de ritmo— también define su música, su historia personal y la energía que transmite en cada escenario. “No quería perder mis raíces”, contó la cantante sobre el look que ya se ha convertido en parte de su sello visual.
La mezcla de identidades también late con fuerza en “Súbele”, el explosivo sencillo que forma parte de su álbum Latino Americana. Con una mezcla contagiosa de pop electrónico, percusión afrocaribeña y groove tropical, la canción invita a bailar, celebrar y agradecer el camino recorrido. El tema llega acompañado de un videoclip grabado en Miami y continúa el impulso que Chika Di ha generado tras su reinterpretación de “Cielito Lindo” para una campaña rumbo al Mundial 2026.

Originaria de Medellín y radicada en Estados Unidos desde los 19 años, Chika Di ha construido una carrera marcada por la autenticidad y la fusión cultural. Su música ha aparecido en series como Euphoria y Gentefied, y ahora la artista abre su corazón para hablar sobre inmigración, identidad, celebración y todo lo que hay detrás de “Súbele”. Lee la entrevista completa y descubre cómo convirtió su historia en ritmo, color y pura energía positiva.
Si “Súbele” fuera una temperatura, ¿a cuánto estaría el termómetro emocional de tu vida cuando la escribiste?
Al cien por ciento.

La canción suena como si alguien prendiera la música en medio de una calle vacía y, de pronto, todo empezara a moverse. ¿Qué querías “despertar” con este tema?
Quería agradecer. Es un tema de agradecimiento. Quería expresar todos esos sentimientos de felicidad por el camino que he recorrido, que ha sido muy gratificante, y eso es “Súbele”. La canción habla de estar siempre agradecidos por lo que logramos cada día, por cada paso, y de celebrarlo. “Súbele” tiene esa vibra de celebración en la que podemos bailar, estar en el mar o donde sea, siempre con una sonrisa y una actitud positiva.
En “Súbele” hay energía de fiesta, pero también de memoria. ¿Qué parte de tu pasado aparece cuando sube el volumen?
Mi recorrido como inmigrante desde Colombia, desde Medellín hasta California, y ahora de California a Miami, ¿no? Es como cerrar un círculo. Esas son las memorias que regresan: todo el camino recorrido, desde mi experiencia como inmigrante hasta mi experiencia como artista, como mujer, como madre y como empresaria. Todos esos han sido caminos largos, no tan fáciles, pero muy gratificantes.
Si el saxofón de la canción pudiera hablar, ¿qué diría sobre ti que todavía no dices en entrevistas?
Yo soy muy abierta en las entrevistas, pero si el saxofón dijera algo, diría que soy una mujer imparable.

¿Qué fue más difícil: aprender a hacer música o aprender a confiar en tu propio sonido sin pedir permiso?
Aprender a confiar en mí misma, más que en mi sonido. Me tomó muchos años porque, cuando trabajas en equipo, el enfoque nunca está completamente en ti. Yo trabajé durante muchos años con orquestas y grupos, así que nunca había puesto toda esa energía en mí misma hasta que comencé mi proyecto como Chika Di en 2020. Fue ahí cuando empecé a creer en mí y cuando el universo me mostró que ese era el lugar donde debía poner toda mi energía y mi enfoque.
Imagina que alguien escucha “Súbele” dentro de 30 años. ¿Qué versión de ti crees que van a imaginar?
La versión que siempre he sido: una mujer positiva, feliz y alegre. Una mujer trabajadora que no se rinde y que convierte la adversidad en algo positivo, porque eso es lo que he hecho toda mi vida. La convierto en la gasolina que uso para seguir adelante cada día.

Tu música mezcla electrónica con lo tropical, lo afrocaribeño y lo emocional… ¿alguna vez sentiste que eras “demasiadas cosas a la vez” para una sola industria?
No, porque para mí la industria siempre ha sido un reto y nunca he querido imitar los sonidos de otros artistas. Respeto mucho el camino de cada uno, pero yo siempre he sido una mezcla de sonidos y de culturas. Siempre he abrazado todo lo que he experimentado en mi vida, y eso es lo que me hace una persona y una artista auténtica. No quiero copiar otros ritmos; quiero plantar mi esencia y mi propuesta. Y hemos recibido mucho cariño de la gente. Al final, el público es quien decide. Yo siempre digo que hay gustos para todo el mundo.
¿Qué parte del videoclip en la playa de Miami es una celebración real y qué parte es una manera de recordarte que llegaste hasta aquí?
Pienso que la parte que más me recuerda el camino recorrido es la escena grabada en un barrio humilde de Miami, donde estoy sentada en una mesa tomando agua. El agua representa todo y nada a la vez. Representa que venimos de la nada; no es una bebida costosa ni algo lujoso, es algo limpio y minimalista que me recuerda mis raíces. Luego está la playa, la celebración, la mesa y la lámpara, que representan esa luz que he encontrado en medio de un camino muy grande. Esa lámpara simboliza para mí el haber llegado a un punto en mi carrera —aunque todavía falta mucho por recorrer— en el que, a nivel personal, finalmente creo en mí misma y en todo lo que todavía puedo lograr.

¿Qué te da más miedo hoy: bajar el volumen o seguir subiéndolo sin saber exactamente a dónde te lleva?
No le tengo miedo a nada. Pienso que hay que seguir subiéndole el volumen y disfrutar el camino, disfrutar cada paso sin miedo.
Si el álbum Latino Americana fuera un mapa, ¿qué lugar ocupa “Súbele”: inicio, punto de fuga o celebración final?
“Súbele” representa una celebración final, definitivamente. Una celebración aquí en Miami, en Estados Unidos, donde se están abriendo muchas puertas para mí. Y qué mejor lugar para celebrar que la playa, el mar y la arena, que también me recuerdan la importancia de mantener los pies sobre la tierra.



















