Techy no se conformó con una sola versión de sí misma: en CHULA decidió abrir de par en par la puerta de su mundo interior y dejar salir a todas las mujeres que la habitan. La romántica, la atrevida, la cómica, la nostálgica y la rebelde se sientan a la misma mesa… y todas piden merengue. El resultado es un álbum que abraza distintas experiencias, emociones y facetas que han marcado su vida y su carrera, convertido en una celebración sonora donde ninguna versión se queda fuera ni necesita permiso.
En su cuarto álbum de estudio, la artista dominicana construye un universo musical que gira alrededor del merengue, pero sin limitarse a una sola forma de interpretarlo. CHULA recorre una amplia gama de estilos dentro del género, desde el merengue tradicional y el merengue típico, hasta el merengue house, el pambiche, el mambo electrónico y fusiones con ritmos afrodominicanos. El proyecto no solo refleja su evolución artística, sino también un proceso profundo de reconexión con su identidad cultural y creativa.

Con tres años de trabajo detrás, Techy entrega una producción donde cada canción abre una ventana a una etapa distinta de su vida. El álbum reúne colaboraciones con figuras como Fefita La Grande, Ella Bric, Claudia Brant y Yoel Henríquez, reafirmando su posición como una de las voces femeninas independientes más sólidas de la música tropical contemporánea. Con temas como “Nada” y “Peligrosa”, expone la dualidad que define esta nueva etapa: lo romántico y lo explosivo, lo íntimo y lo bailable, lo vulnerable y lo empoderado. Lee la entrevista completa para descubrir cómo CHULA se convirtió en su declaración más auténtica hasta ahora.
Dices que CHULA es la representación más auténtica de quién eres. ¿Qué versión de Techy conocerá el público en este álbum que no había visto antes?
Una versión mucho más suelta, honesta y variada de mí misma, tanto en lo musical como en el mensaje. Durante años sentí que debía encajar en un papel más serio como artista, pero en esta etapa me permití integrar también mi lado más cómico, ligero y humano. Por eso el álbum muestra distintas facetas mías, incluso en la portada, donde conviven mi lado romántico y mi alter ego más divertido y espontáneo.
El álbum explora “todas las mujeres que viven en ti”. ¿Cuáles son algunas de esas versiones de Techy que aparecen en estas canciones?
Hay versiones románticas como en Que me quedes tú o Cariñito, donde hablo del amor y la familia, y otras más atrevidas y cómicas como Hombre Malo, donde uso humor y jerga dominicana para hablar de los “red flags” en las relaciones. También está mi faceta más experimental, donde exploro el merengue típico con Fefita La Grande y otros ritmos como bachata, palo dominicano, mambo y merengue house, sin limitarme a ningún sonido o versión de mí misma.

Mencionas que este proyecto nació de una revolución interna. ¿Qué fue lo más difícil y lo más liberador de ese proceso?
Fue un proceso muy intenso después de un 2021 difícil a nivel personal y familiar, con enfermedades y pérdidas que me llevaron a confrontar emociones y traumas que no había nombrado. Lo más difícil fue enfrentarme a esas partes de mí, pero lo más liberador fue reconectar con la alegría. Esa transformación me llevó a expresarme desde un lugar más libre, y a entender que no debía ponerme límites creativos ni emocionales.
Aunque has experimentado con otros géneros, hoy abrazas el merengue como tu hogar musical. ¿Qué te hizo volver a él con tanta convicción?
El merengue siempre ha sido parte de mi vida y de mi identidad; es el ritmo que me genera alegría y con el que crecí, junto a la bachata. No fue una decisión calculada, sino algo natural: una canción me salió en merengue tal como la imaginé y eso abrió un camino creativo que me conectó profundamente con el género, tanto desde lo emocional como desde lo cultural.

¿Qué crees que necesita el merengue para conectar con las nuevas generaciones sin perder su esencia?
El merengue está viviendo una buena etapa y sigue evolucionando con nuevas fusiones y artistas que lo exploran dentro y fuera de República Dominicana. Es un género que no va a morir, sino que se adapta, como lo han hecho grandes referentes como Juan Luis Guerra. Hoy se escucha en distintas versiones dentro de la música popular, desde el merengue típico hasta el house o el pop, y eso lo mantiene vigente sin perder su esencia.
“Nada” y “Peligrosa” representan dos caras muy distintas de tu personalidad. ¿Con cuál de las dos te identificas más hoy?
No puedo escoger una sola, porque ambas conviven en mí: hay días en los que me siento poderosa, segura y lista para conquistar todo, y otros en los que estoy más vulnerable y necesito cariño y contención. Antes sentía que debía ser una u otra, pero ahora entiendo que ambas son parte de lo que soy como mujer, y que nuestras emociones son cambiantes y complejas.
Sobre las colaboraciones, ¿qué aportaron figuras como Fefita La Grande, Ella Bric, Claudia Brant y Yoel Henríquez al proyecto?
Aportaron muchísimo, no solo a nivel musical sino humano. Son artistas y creadores de gran talento, pero también personas generosas que me acompañaron en el proceso y enriquecieron el disco con su energía, experiencia y visión. Me siento honrada de haber trabajado con ellos y de haber construido un álbum que no sería el mismo sin su participación.

Después de CHULA, ¿qué sueño artístico sientes que estás más cerca de cumplir?
Estoy viviendo un momento muy importante de conexión internacional con mi música, y aunque hay un sueño que todavía no puedo anunciar, siento que se está abriendo una puerta muy significativa. También estoy aprendiendo a disfrutar más el proceso, porque como artista independiente a veces uno se enfoca demasiado en lo que falta. CHULA fue un proyecto de tres años que quiero que la gente disfrute, baile y sienta, y mi enfoque ahora es estar más presente en este momento de mi carrera.






















