El plan de supermercados municipales —una de sus promesas de campaña más destacadas— avanza como una apuesta central del alcalde Zohran Mamdani. Mamdani afirmó que la ciudad abrirá las cinco tiendas, una en cada condado, antes de que termine su primer mandato, con la primera apertura prevista para el próximo año. Dijo que los supermercados ofrecerán precios justos y tratarán a los trabajadores con dignidad.
“En nuestras tiendas, los huevos serán más baratos, el pan será más barato”, aseguró. “Ir al supermercado dejará de ser una ecuación imposible de resolver”.
Una de esas tiendas, explicó, estará en La Marqueta, en East Harlem, en “una tienda completamente nueva en terreno municipal” que actualmente se encuentra vacío. Señaló que en ese vecindario cerca del 40% de los hogares recibió asistencia pública o beneficios SNAP durante el último año.

Foto de Lloyd Mitchell
Durante una conferencia de prensa, Mamdani detalló que el modelo no será el de supermercados municipales tradicionales operados directamente por la ciudad. En cambio, el gobierno será propietario del terreno, cubrirá los principales costos de infraestructura y operación, y contratará a un operador privado para gestionar la tienda y vender alimentos básicos a precios reducidos.
El núcleo del plan es la creación de una “canasta básica” de productos esenciales con precios más bajos. La ciudad establecerá los estándares de esa canasta y exigirá al operador privado cumplirlos mediante contrato. Mamdani insistió en que el objetivo es garantizar reducciones reales en productos básicos como pan, huevos y otros alimentos esenciales.
La administración estima que las cinco tiendas estarán abiertas para 2029. Sin embargo, el primer supermercado podría abrir en 2027. El proyecto de East Harlem es el más lento porque requiere construir desde cero en un terreno municipal vacío, con salarios prevalecientes y coordinación entre múltiples agencias. Otras ubicaciones podrían avanzar más rápido si utilizan espacios ya existentes.
El sitio de La Marqueta fue presentado como el caso emblemático del programa, aunque no necesariamente el primero en operar. El gobierno defendió la elección del área por su alta necesidad económica: 65,000 personas viven a 10 minutos del sitio propuesto, incluidos miles de residentes de vivienda pública. Funcionarios también señalaron las altas tasas de uso de SNAP y asistencia social como evidencia de la crisis de asequibilidad en la zona.
Autoridades locales y representantes comunitarios reforzaron ese diagnóstico. Algunos destacaron la falta de acceso a alimentos saludables y su relación con problemas de salud como diabetes y enfermedades cardíacas. Otros recordaron el cierre de supermercados históricos en la zona y la dependencia de mercados pequeños o temporales. La Marqueta, en su momento de mayor actividad, llegó a recibir decenas de miles de clientes diarios.
El plan, sin embargo, generó preguntas sobre su impacto en los negocios existentes. En East Harlem ya operan supermercados y pequeñas tiendas de alimentos. El alcalde argumentó que el programa no reemplaza otras políticas, sino que complementa la estrategia contra la inseguridad alimentaria, ya que iniciativas anteriores basadas en subsidios no lograron garantizar precios más bajos.
Uno de los puntos más importantes sin resolver es cómo se calcularán los descuentos. La administración dijo que el operador privado deberá aplicar precios reducidos a una canasta de productos básicos, pero no explicó la fórmula exacta. Se mencionó un posible descuento porcentual sobre precios promedio, aunque aún no se ha definido el mecanismo final.

Foto de Lloyd Mitchell
También persiste la incertidumbre sobre las condiciones laborales. Funcionarios hablaron de “estándares de nivel sindical”, pero el alcalde evitó comprometerse a que los empleos sean sindicalizados. Aclaró que esos estándares se referirán a niveles salariales y beneficios que la ciudad incluirá en los contratos, pero que la estructura sindical dependerá de negociaciones con operadores privados.
El financiamiento del programa también enfrenta debate político. La ciudad propone una inversión de aproximadamente 70 millones de dólares en capital, en un contexto de déficit presupuestario multimillonario. El Concejo Municipal aún no ha respaldado la propuesta, y su aprobación es necesaria para avanzar.
Economistas y analistas han pedido cautela. Algunos señalan que el modelo público-privado podría ser más eficiente que la operación directa por parte del gobierno, pero advierten que el éxito dependerá de una planificación cuidadosa, especialmente en la selección del operador y la estructura de costos. Estudios de otros municipios, como Chicago, han concluido que las ciudades pueden facilitar infraestructura y apoyo, mientras dejan la operación diaria a actores privados debido a los márgenes estrechos del sector minorista de alimentos.
En el terreno, algunos comerciantes expresaron preocupación por la competencia con un supermercado respaldado por la ciudad. Propietarios y trabajadores de tiendas locales señalaron que ya enfrentan altos costos de renta, impuestos y operación, y que la entrada de un actor subsidiado podría afectar su viabilidad. También pidieron que la ciudad se enfoque en reducir cargas fiscales y regulatorias para pequeños negocios en lugar de crear competencia directa.
El Ayuntamiento, por su parte, no ha presentado un estudio detallado sobre el impacto económico en comercios cercanos. Mamdani afirmó que los supermercados municipales formarán parte del ecosistema económico y cívico de la ciudad, y sostuvo que su enfoque diferirá de las bodegas tradicionales al centrarse exclusivamente en alimentos frescos y básicos.
El debate continúa abierto mientras la administración avanza con el diseño del programa, cuyo éxito dependerá de definir elementos aún pendientes: cómo se fijarán los precios, qué significa exactamente “canasta básica”, qué rol tendrán los operadores privados y cómo se integrarán los estándares laborales en el modelo final.
-Traducción y edición por Karmina L. Fonseca























