Desde los muros de Jackson Heights hasta algunos de los proyectos de arte público más representativos de Nueva York, Eliot Lazare Salomé-Díaz, conocido artísticamente como «ELI», ha convertido el arte en una poderosa herramienta para preservar la cultura, fortalecer comunidades e inspirar a las nuevas generaciones.
Peruano estadounidense de primera generación y de ascendencia alemana, ELI se siente profundamente orgulloso de sus raíces peruanas, especialmente de su herencia indígena. Esa identidad ha sido la base de una trayectoria artística dedicada a contar historias, rescatar memorias colectivas y crear espacios donde las comunidades puedan verse reflejadas.
Nacido y criado en Jackson Heights, condado de Queens, encontró en el graffiti su primera forma de expresión. Lo que comenzó como una manifestación artística en las calles evolucionó hasta convertirse en una misión de vida.
«Con el tiempo entendí que mi propósito nunca fue simplemente pintar», afirma. «El arte se convirtió en la herramienta que Dios puso en mis manos para conectar personas, fortalecer comunidades, preservar nuestra cultura e inspirar a otros a descubrir el poder que también llevan dentro. Mi verdadera obra nunca ha sido un mural; siempre han sido las personas».

Su historia también está profundamente marcada por su familia. Recuerda que gran parte de su manera de entender el trabajo y el servicio nació observando a su abuelo, Marcelino Salomé Calderón, en el taller familiar.
«Hoy entiendo que mi abuelo no solo me enseñó a trabajar con las manos. Me enseñó a resolver problemas, a servir a los demás y a nunca decir que algo era imposible. Esa filosofía sigue guiando mi vida. Cada mural, cada proyecto comunitario y cada iniciativa cultural que realizo lleva un pedazo de ese taller llamado Mecánica Salomé».
Durante la década de los noventa, ELI fue uno de los principales impulsores de Elements of Style, una marca que contribuyó a definir la estética del streetwear neoyorquino y que dio voz a una generación influenciada por la cultura urbana.
Su talento lo ha llevado a desarrollar importantes murales que hoy forman parte del paisaje cultural de Nueva York. Entre ellos destacan Illmatic30, The Infamous 30th y el Tributo al 25º Aniversario de The Notorious B.I.G., obras que preservan la historia del hip-hop y convierten el espacio público en una galería abierta para todos.

Para ELI, el graffiti nunca fue únicamente pintura sobre una pared.
«El graffiti me enseñó que una pared puede convertirse en un puente. Un mural puede iniciar conversaciones, sanar heridas, devolver orgullo a un vecindario y recordarles a las personas que también forman parte de la historia de su comunidad».
Uno de los momentos más significativos de su carrera llegó en 2024, cuando, junto a su hijo, el artista conceptual Iysaiah Justice Salomé-Díaz, creó el mural inaugurado durante la ceremonia oficial del nombramiento de Calle Perú en Jackson Heights. La obra honra la resiliencia, las contribuciones y el legado de la comunidad peruana en Estados Unidos y representa, además, un legado compartido entre padre e hijo.
Más allá de su faceta artística, ELI es cofundador de Jackson Heights Day, iniciativa que impulsa el desarrollo comunitario mediante el arte público, el apoyo a los pequeños negocios, el liderazgo juvenil y la celebración de la diversidad cultural. Su trabajo busca fortalecer el sentido de pertenencia y demostrar que el arte puede convertirse en una herramienta de transformación social.
A pesar de sus logros, asegura que el mayor desafío nunca ha sido artístico.
«Hoy ya no le tengo miedo al cambio. Le tengo miedo a dejar este mundo sin haber compartido todo lo que vine a aportar. Ese pensamiento me impulsa todos los días a seguir creando, aprendiendo y sirviendo».
Cuando se le pregunta qué sueños aún le quedan por cumplir, su respuesta trasciende el reconocimiento personal.
«Quiero seguir llevando mi creatividad a lugares donde todavía no ha llegado, pero más importante aún, quiero abrir caminos para las nuevas generaciones. Si algún día mi nombre es recordado, espero que no sea solamente por los murales que pinté, sino por las personas que inspiré a creer en sí mismas y en el poder de su propia creatividad».
A los jóvenes que hoy comienzan un camino similar al suyo les deja un mensaje claro:
«Nunca permitas que alguien haga más pequeño tu sueño porque no puede verlo. Las personas primero creerán que estás loco; después preguntarán cómo lo lograste. Mantente fiel a quién eres. La disciplina, la humildad y el amor por servir siempre hablarán más fuerte que el reconocimiento».

Quienes aún consideran el graffiti únicamente como vandalismo también reciben una respuesta contundente.
«Mi vida es la respuesta. El graffiti fue mi punto de partida, pero nunca mi límite. Gracias a esa cultura encontré una voz, descubrí un propósito y comprendí que el arte puede transformar vidas cuando nace del respeto, la disciplina y el deseo de servir».
«Vengo de Jackson Heights, Queens, un lugar donde conviven más de 160 culturas. Crecer allí me enseñó que la diversidad no nos divide; nos fortalece. Mi trabajo siempre ha buscado unir personas, preservar nuestras raíces y demostrar que el arte tiene el poder de dejar un legado mucho más grande que la pintura sobre una pared».
«Al final, los murales se desgastan con el tiempo. Lo que permanece para siempre es la huella que dejamos en las personas».
Al reflexionar sobre su legado, ELI afirma que nunca ha medido el éxito por la cantidad de murales realizados ni por los reconocimientos recibidos.
«Creo que todos llegamos a esta vida con un propósito. El mío ha sido utilizar el arte como un puente entre generaciones, entre culturas y entre personas que quizás nunca se habrían conocido de otra manera».
«Mis raíces peruanas me enseñaron el valor de la familia, del trabajo y de honrar a quienes caminaron antes que nosotros. Jackson Heights me enseñó el valor de la diversidad y de convivir con el mundo entero en unas cuantas calles. Esas dos identidades viven en todo lo que creo».

«Hoy entiendo que mi responsabilidad va más allá de hacer arte. Mi responsabilidad es abrir puertas para quienes vienen detrás, preservar nuestra cultura para las próximas generaciones y demostrar que la creatividad también puede ser una forma de liderazgo y de servicio».
«Si algún día dejo un legado, espero que no sea solamente por las paredes que pinté, sino por las personas que inspiré a creer en sí mismas, por las comunidades que ayudé a fortalecer y por haber demostrado que el arte puede cambiar la manera en que una persona ve su barrio, su cultura y su propio futuro».
«Porque al final, un mural puede durar muchos años, pero una vida inspirada puede transformar generaciones».
Antes de concluir la conversación, el artista dedicó unas palabras de agradecimiento a quienes han marcado su camino.
«A mi madre y a toda mi familia, gracias por ser mi primer hogar y mi primera escuela. A mi abuelo Marcelino Salomé Calderón, por enseñarme que con trabajo, creatividad y servicio todo es posible. A mis hijos, por inspirarme a seguir creciendo como padre, como ser humano y como artista. Y gracias a Jackson Heights y al Perú. Uno me dio mis raíces; el otro me dio mi voz. Ambos viven en mi corazón y en cada proyecto que creo».
Con cada mural y cada iniciativa comunitaria, Eliot Lazare Salomé-Díaz continúa demostrando que el arte puede ser mucho más que una expresión estética: puede convertirse en un puente entre culturas, una herramienta para fortalecer comunidades y un legado capaz de inspirar a las futuras generaciones.


















