McKeema Wallace pasó su infancia mudándose de un hogar de acogida a otro, una vida que, confiesa, la llevó a sentir que nadie la valoraba ni la quería, desprovista de la estabilidad y el sentido de pertenencia que todo joven necesita. A pesar de todo, estaba decidida a construir un futuro mejor.
La joven obtuvo su certificado de equivalencia de escuela secundaria (GED) y, con el apoyo de su agencia de acogimiento familiar, comenzó a estudiar en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Durante un tiempo, las constantes presiones de su vida la abrumaron, y tuvo que abandonar sus estudios.
Sin embargo, McKeema no se rindió. Cuando regresó a sus estudios en el Bronx Community College en 2020, el programa Foster Youth College Success Initiative de CUNY estuvo allí para brindarle el apoyo que necesitaba para seguir adelante: ayuda económica, orientación académica y personas que creían en ella. La joven obtuvo un grado asociado, luego se transfirió a Hunter College, y esta primavera se graduó con un título en sociología.
“La universidad se convirtió en mi lugar seguro”, dijo una emocionada McKeema a miembros del Consejo Municipal durante una reciente audiencia para discutir cómo reforzar las oportunidades universitarias de los jóvenes que viven o han vivido en hogares de acogida. “FYCSI me enseñó que, no importa lo que la vida te ponga en tu camino, hay que seguir adelante”.
Los estudiantes que han vivido en hogares de acogida suelen llegar a CUNY con una fortaleza y ambición extraordinarias. Suelen sufrir interrupciones en sus estudios, vivienda inestable, inseguridad económica y eventos traumáticos, todo ello sin las protecciones y el apoyo con que cuentan muchos otros universitarios.
FYCSI, un programa universitario estatal para jóvenes en hogares de acogida, se fundó hace 10 años para ofrecer este tipo de ayuda. Comenzó apoyando a 65 universitarios, y hoy sirve a casi 600 estudiantes de pregrado en 19 campus de CUNY.
Bajo el liderazgo de Shirley de Peña, trabajadora social y reconocida defensora de estudiantes provenientes de hogares de acogida, desde el primer día, FYCSI se ha convertido en un modelo de apoyo integral individualizado.
El programa ayuda a los estudiantes a pagar la matrícula y otros costos educativos, así como el alojamiento en el campus. FYCSI también ofrece prácticas a estudiantes de maestría en Trabajo Social de CUNY —bajo la supervisión de trabajadores sociales licenciados— en las que ayudan a los jóvenes a lidiar con los desafíos académicos, el estrés personal, la inestabilidad de vivienda, la salud mental, y las múltiples complicaciones de la vida universitaria.
“Para algunos estudiantes, FYCSI es la única manera de asistir a la universidad, de contar con una vivienda estable y de sentirse apoyados en lugar de solos”, dijo De Peña. “Adaptamos nuestro programa para apoyar a los estudiantes con lo que necesiten y como lo necesiten, de modo que puedan tener éxito en sus propios términos”.
McKeema lo planteó de otra manera: “Estos no solo son programas, sino también salvavidas”, dijo. “Son una prueba de que cambiar es posible, de que el éxito se puede alcanzar y de que nadie tiene que hacerlo por su cuenta”.
Hoy, la joven aspira a ser trabajadora social para brindar a otros la confianza, la orientación y el cuidado que la ayudaron a cambiar su propia vida. Su trayectoria nos recuerda que el inicio de la historia de un estudiante no determina su destino.




















