Asha Lyons todavía recuerda el momento exacto en que entendió quién era. Tenía tres años, estaba frente a una vitrina en Brooklyn y vio una muñeca que le cambió la perspectiva de vida. La señaló con emoción infantil y le pidió a su padre que se la comprara. Cuando él le dijo que no, que era “para niñas”, Asha no dudó ni un segundo: “Pero yo soy una niña”. Fue una certeza simple, sin explicaciones, que nació con ella y la acompañó incluso cuando el mundo intentó corregirla.
Décadas después, esa misma certeza —que durante años fue negada, ignorada o castigada— se convirtió en el centro de una vida dedicada a cuidar a otras personas que también buscan, con urgencia, ser quienes son.

En el Bronx, Asha Lyons no solo recuerda su historia: la trabaja todos los días. Hoy es trabajadora social licenciada en el Programa de Afirmación de Género en Salud (GAP) de VNS Health, donde acompaña a pacientes trans y no binarios en momentos críticos de sus procesos de transición, especialmente después de cirugías de afirmación de género.
También capacita a enfermeras y otros profesionales clínicos, dándoles herramientas para ofrecer atención más especializada a personas en recuperación. Hasta la fecha, GAP ha atendido a más de 4.000 personas y ha formado a más de 800 profesionales de la salud en cómo mejorar el cuidado de pacientes trans y no binarios.

Además, Asha administra una subvención de 200.000 dólares del Fondo para la Equidad de Género de la Ciudad de Nueva York en VNS Health. A través de este programa coordina apoyos que van desde el acceso a alimentos y transporte hasta asesoramiento y grupos de apoyo, ayudando a los pacientes a sostener su recuperación más allá del hospital.
Pero antes de llegar aquí, su vida estuvo atravesada por el silencio, el rechazo y la falta de acceso a atención adecuada. Creció sintiendo que su cuerpo no correspondía con quien era, y durante la adolescencia enfrentó discriminación constante. A los 16 años intentó buscar atención médica para iniciar terapia hormonal, pero se la negaron por su edad. Poco después, en medio del dolor y la soledad, intentó suicidarse.
El punto de inflexión llegó cuando encontró una terapeuta especializada en atención LGBTQ+, la primera persona que no intentó corregirla, sino acompañarla. A partir de ese momento, su vida comenzó a abrirse hacia otra posibilidad: la de sobrevivir, y luego, la de vivir plenamente.
Años más tarde, ese camino la llevó a recibir atención de afirmación de género a través de Amida Care —el mayor Plan de Salud para Necesidades Especiales de Medicaid del Estado de Nueva York, especializado en VIH, salud sexual y atención de afirmación de género—, donde tuvo acceso a tratamiento hormonal, cirugías y atención integral. “Mi cuerpo finalmente coincidió con lo que siempre fui por dentro”, ha contado.
Esa transformación no solo le dio estabilidad personal; también definió su vocación. Hoy, Asha acompaña a personas en los mismos puntos de vulnerabilidad que ella atravesó: el regreso a casa después de una cirugía, el miedo a estar sola, la incertidumbre de un sistema de salud que muchas veces no entiende.
“Quiero asegurarme de que ninguna persona trans quede sola después de una cirugía”, dice. Y en esa frase, su historia deja de ser solo un recorrido individual para convertirse en una forma de cuidado sostenido, casi una promesa.


















