Entre Irán, Colombia y Nueva York: las historias que se cruzan en “El Laberinto de Dante”

Irán
Imagen cortesía de Mónica Jaramillo

En una ciudad donde las identidades se superponen como capas de una misma conversación, una directora colombiana decidió seguir la vida de un artista persa-estadounidense y terminó construyendo algo más cercano a un cruce de mundos que a un documental tradicional.

El Laberinto de Dante, dirigido por Mónica Jaramillo (Monijara), nace precisamente de esa intersección: una mirada latinoamericana observando a un creador nacido en Irán y formado en Estados Unidos, en una ciudad que parece diseñada para que las historias no pertenezcan a un solo lugar.

Nueva York no es solo el escenario. Es el punto de fricción y de encuentro. Es donde una directora colombiana puede entrar en el universo de un artista persa-estadounidense y descubrir que, al final, las preguntas son las mismas: memoria, identidad, violencia, creación, supervivencia.

El protagonista del filme, David De Hannay, es artista visual, fotógrafo, escritor y cineasta. Nacido en Irán y radicado en Estados Unidos, ha construido desde 1999 un extenso archivo visual de su país de origen, un trabajo que ha sido reconocido internacionalmente, incluyendo cobertura de BBC World News. Su historia también está marcada por la represión: fue detenido y torturado en Irán por su labor fotográfica.

En Nueva York, durante la pandemia, fundó el NYC Art Movement, un espacio que reunió a más de 120 artistas en uno de los momentos más silenciosos de la ciudad, cuando el arte parecía haberse detenido junto con todo lo demás.

Pero la película no comienza con él. Comienza con la mirada de ella.

“Hice esta película ensamblando fragmentos—archivo y el proceso del trabajo tal como se iba desplegando”, explica Monijara. Su acercamiento no fue distante ni académico. Fue una inmersión prolongada en distintos territorios: París, Londres, Nueva York y Colombia, donde la cámara se convirtió en una especie de cuaderno en movimiento.

La directora conoció a De Hannay en Nueva York, en una exposición organizada en apoyo a Ucrania. “Lo que me marcó fue su negación a separar el arte de la realidad humana”, recuerda. Ese gesto, más que cualquier obra, fue el punto de partida del documental.

A partir de ahí, la relación entre ambos se transformó en un proceso compartido: exposiciones, viajes, conversaciones y creación en tiempo real. La cámara no observa desde afuera; acompaña desde adentro.

El filme también registra un momento crítico: las protestas en Irán en enero de 2026 y la respuesta violenta del Estado. En medio de ese contexto, De Hannay crea Silent Slaughter, un cortometraje realizado con material clandestino que atraviesa la urgencia del presente.

“En ese momento, al ver el impacto y lo rara y necesaria que es una voz independiente como la suya, terminé esta película”, dice Monijara.

En su estructura, El Laberinto de Dante rechaza la idea de una biografía cerrada. “Esta película no es una biografía. Es un registro”, afirma la directora. Un registro vivo, incompleto, que prefiere la experiencia al cierre narrativo.

Sobre su protagonista, Monijara no habla en términos distantes. “Lo considero uno de los artistas conceptuales más significativos de nuestro tiempo”, señala, antes de añadir una comparación que abre otra capa de lectura: “Me recuerda a Un uomo (Un hombre) de Oriana Fallaci”.

Pero quizás lo más revelador del proyecto no es solo el artista, sino el espacio donde todo ocurre. Nueva York aparece como un tercer personaje: una ciudad donde lo colombiano, lo persa, lo estadounidense y lo global no solo coexisten, sino que se mezclan hasta volverse indistinguibles.
En ese cruce, la película encuentra su forma.

Monijara, radicada en Nueva York, ha transitado durante más de dos décadas entre la tecnología, la innovación y el mundo corporativo. Hoy, desde el cine, se mueve en otro tipo de arquitectura: la de las historias que no pertenecen a un solo país, sino a la tensión constante entre varios.