En el marco del Mes de la Herencia Dominicana, la historia de la concejal Carmen de la Rosa refleja el sacrificio, la perseverancia y el liderazgo de la diáspora dominicana en Nueva York. “Llegué con mis padres cuando era pequeñita, una bebé”, recuerda. Como muchas familias dominicanas, emigraron en busca de mejores oportunidades, educación para su hija y estabilidad económica, y se establecieron en Washington Heights, en el Alto Manhattan. “Hicimos hogar en Washington Heights, que en ese momento era la cuna de nuestra comunidad”, afirma.
Gracias al esfuerzo de sus padres—su padre bodeguero y su madre trabajadora en el cuidado de personas mayores—De la Rosa se convirtió en la primera universitaria de su familia. “Desde muy temprana edad, mi papá me enseñó que la comunidad es el centro del hogar; que, aun con pocos recursos, podíamos salir adelante. Las bodegas no son solo lugares para comprar: se convierten en puntos de encuentro donde se habla de política y de lo que pasa allá y aquí”, recuerda. De su madre heredó un profundo sentido humano del servicio. “Nuestra comunidad era todo lo que teníamos”, agrega.

En 2017, De la Rosa fue electa representante estatal y, en 2021, hizo historia al convertirse en la primera mujer dominicana en representar el Distrito 10 en el Concejo Municipal de Nueva York. En un escenario político tradicionalmente dominado por hombres, su elección marcó un antes y un después para el Alto Manhattan. “Faltaban voces que reflejaran la experiencia de una madre, de una hija, de una mujer. Ha sido un honor ser la primera, y espero no ser la última”, afirma.
Hoy forma parte de una generación de mujeres dominicanas que redefinen el liderazgo político en la ciudad, junto a figuras como Pierina Sánchez, Amanda Farías, Karines Reyes, Amanda Septimo y Yudelka Tapia. “Mi legado siempre ha sido que mi comunidad sepa que tiene líderes electos que representan sus valores en el gobierno; que puedan acudir a nuestras oficinas para navegar el sistema. Las puertas siempre están abiertas”, asegura.
Representar a una de las comunidades inmigrantes más grandes de Nueva York implica gran responsabilidad. “Claro que se siente el peso”, admite. “La comunidad dominicana, como cualquier comunidad trabajadora, enfrenta el reto de no solo sobrevivir, sino de sacar adelante a sus familias en una de las ciudades más caras del mundo. Las rentas muchas veces superan los salarios. Somos una comunidad inmigrante que lleva tiempo aquí, se ha adaptado, pero todavía necesita un empujón para seguir avanzando”.
La comunidad dominicana es uno de los grupos latinos más numerosos en la ciudad. De la Rosa señala que los datos educativos muestran que los dominicanos tienen fuerte presencia en el sistema escolar público y en universidades como la City University of New York. Su reto es asegurar que esa educación se traduzca en movilidad económica, liderazgo y estabilidad financiera para las familias.

Para la concejal, la identidad dominicana comienza en casa. “Casi todas las tardes, mi mamá prepara la bandera: arroz, habichuelas y carne. La gastronomía siempre está en el centro del hogar”. La música, el arte y los viajes a la República Dominicana forman parte del legado cultural que hoy transmite a su hija.
Su compromiso va más allá de lo simbólico. Anunció la apertura del primer centro cultural dominicano en el Distrito 10, un espacio dedicado a preservar y difundir la historia y el aporte de la comunidad en Nueva York. También ha respaldado instituciones clave como el CUNY Dominican Studies Institute, dirigido por la Dra. Ramona Hernández, que documenta el impacto histórico de los dominicanos en la ciudad.
A los jóvenes que quieren incursionar en política, su mensaje es claro: “Entren. No esperen a que les digan que es su turno. Estos espacios necesitan nuestra voz”. Con casi 40 años, De la Rosa afirma que su generación ha recibido “las llaves de la mansión” y ahora les toca abrir más puertas para quienes vienen detrás. “Nos toca ser líderes y que las generaciones futuras vean un modelo a seguir, pero también que nos superen. No quiero que solo sean el primer concejal o senador; quiero que multipliquen la representación. Que en vez de un dominicano en el Congreso haya cinco, seis u ocho. Que en lugar de cinco en el Concejo Municipal tengamos diez, para que nuestras voces queden marcadas en la historia”.
En este Mes de la Herencia Dominicana, su trayectoria demuestra que la experiencia migrante no es solo una historia de sacrificio, sino también de conquista, liderazgo y construcción colectiva. Como ella misma señala, la historia de su familia no es única: es la historia compartida de una comunidad que llegó para trabajar, construir, celebrar su cultura y seguir rompiendo barreras.

















