Berta Rojas: de la guitarra clásica al sonido global de The Last of Us

Berta Rojas
Guillermo Fridman

Durante décadas, Berta Rojas ha hecho de la guitarra algo más que un instrumento: la ha convertido en territorio, memoria y lenguaje. Nacida en Paraguay y hoy reconocida internacionalmente como una de las grandes voces de la guitarra clásica, Rojas —ganadora del Latin Grammy en 2022 y cuatro veces nominada— forma parte de un grupo excepcional de mujeres en la élite de este género. Su virtuosismo y la intensidad de sus interpretaciones la han llevado de los escenarios del mundo a las aulas de Berklee College of Music, y recientemente a la junta directiva del Latin Grammy, reafirmando su compromiso con la música y la cultura latinoamericana.

Esa inquietud artística y académica da origen a La Huella de las Cuerdas (The Journey of Strings), un ambicioso viaje sonoro y visual que recorre cinco siglos de historia musical en América Latina. El proyecto, desarrollado a lo largo de más de dos años, llevó a Rojas a recorrer más de 8,000 millas y a colaborar con 17 músicos en más de diez países, trabajando de la mano con investigadores y musicólogos. Cada uno de los 11 temas —todos acompañados por su propio video— plantea un diálogo entre la guitarra y otros instrumentos de cuerda que definen identidades locales, desde la profundidad del guitarrón chileno de 25 cuerdas hasta el pulso vibrante del cuatro puertorriqueño.

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Guillermo Fridman
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Guillermo Fridman

El viaje también enlaza lo ancestral con el presente. Uno de los momentos más destacados del proyecto es el dueto con Gustavo Santaolalla, compositor del tema de la serie The Last of Us, cuya música llevó el sonido del ronroco andino a millones de oyentes en todo el mundo. En esta conversación íntima, Rojas reflexiona sobre identidad, herencia y el poder de las cuerdas para contar quiénes somos. Te invitamos a leer la entrevista completa.

The Journey of Strings / La Huella de las Cuerdas nace de una pregunta sobre cómo la guitarra llegó a convertirse en el corazón musical de América Latina. ¿Cuándo entendiste que esa investigación debía transformarse en una obra artística?

Cuando dirigía un festival iberoamericano de guitarra en Washington, D.C. Era un festival que representaba a todos los países iberoamericanos: la Península Ibérica y toda América Latina. Allí me di cuenta de que muchas veces los instrumentos que mejor representan a ciertas culturas no son necesariamente la guitarra, sino sus hermanas, sus primas.

Así fue como encontré el cuatro en Venezuela, el cuatro puertorriqueño en Puerto Rico, el charango, que representa profundamente a las culturas andinas, y tantos otros instrumentos en Paraguay. Todos ellos supieron captar la esencia de sus culturas y transmitirla, como quien tiene un acento que lo define. Del mismo modo, la música de nuestros países tiene un acento que la identifica, y estos instrumentos se convierten en las voces a través de las cuales esas culturas se expresan musicalmente.

Berta Rojas
Abdala Oviedo
Berta Rojas
Abdala Oviedo

El proyecto se presenta como una experiencia inmersiva que combina álbum, videos, libro y realidad aumentada. Desde tu perspectiva, ¿qué aporta este enfoque a la forma en que hoy se preserva y se transmite la memoria cultural?

Creo que hoy el mundo enfrenta un desafío muy grande, porque nuestros sentidos se abren en muchas direcciones a la vez. La presencia de la tecnología en nuestra vida diaria es innegable. Así como, a través de la realidad aumentada, puedes “entrar” en un instrumento y tocarlo —que es parte de nuestra apuesta en el libro—, también hacemos una invitación a sentarse y escuchar.

Quien pone un vinilo es porque tiene el tiempo para detenerse y disfrutar. A veces es importante reconocer que, al mismo tiempo que viajamos a velocidades inimaginables gracias a la tecnología, también necesitamos parar y reconectar con las pequeñas cosas de la vida. El vinilo invita a esa reflexión, a ese espacio de cuidado personal y al reencuentro con lo más genuino que tenemos para ofrecer: la expresión de nuestra alma a través de la música.

Mi sueño sería que un padre, una madre, un abuelo o una abuela puedan sentarse con sus hijos o nietos a escuchar juntos: desde la calma que ofrece un vinilo hasta la rapidez y curiosidad que despierta una inmersión en 3D a través de la realidad aumentada.

Berta Rojas
Guillermo Fridman
Berta Rojas
Guillermo Fridman

A lo largo de más de cinco siglos, la guitarra fue transformándose al contacto con culturas indígenas, africanas y europeas. ¿Qué revela esa evolución sobre la identidad musical de América Latina?

Revela, sobre todo, resistencia, permanencia y un profundo deseo de comunicarnos a través de la música. Como latinoamericanos, tenemos distintos acentos, distintas voces y maneras particulares de ver la vida. Esa diversidad es tan rica como el colorido y la geografía de nuestra América.

Así como existe un acento, existe una música. Está la alegría de Centroamérica, pero también la profundidad del sur, marcada por sus montañas, por la nieve, por la aridez en países como Chile. Esa geografía produce una música que representa nuestras culturas. Este viaje es, sobre todo, una invitación a conocernos y reconocernos a través de nuestras músicas.

Durante dos años recorriste más de diez países y colaboraste con 17 músicos guardianes de instrumentos tradicionales. ¿Hubo algún encuentro que cambiara tu comprensión del proyecto o de tu propio rol como intérprete?

Desde la primera grabación entendí cómo iba a ser este proyecto. Ese primer encuentro fue con Gustavo Santaolalla. Él es un compositor reconocido mundialmente, ganador de múltiples premios, que ha escrito música para un instrumento pequeño, hermano del charango, llamado ronroco.

Lo fascinante es que, gracias a la proyección internacional de su música, hoy jóvenes de todo el mundo tocan ese instrumento sin necesariamente saber que es andino. Lo asocian con un videojuego, con una serie como The Last of Us o con películas como Babel o Diarios de motocicleta. Me encuentro con jóvenes que no hablan una palabra de español y, sin embargo, tocan el ronroco.

Ese recorrido demuestra cómo estos instrumentos pueden viajar entre culturas. Cuando los jóvenes los abrazan, es cuando realmente permanecen, se transforman y adquieren una nueva vida. Ya no representan solo a una cultura específica, sino que sus voces se ponen al servicio del alma humana, sin importar dónde se toquen.

Berta Rojas
Guillermo Fridman

Uno de los momentos centrales del álbum es el dueto con Gustavo Santaolalla, conocido globalmente por su música para The Last of Us. ¿Qué lugar ocupa esta colaboración dentro del relato sonoro del disco?

Es el encuentro con mayor proyección internacional y, probablemente, con mayor conexión con las nuevas generaciones. Que Gustavo haya llevado un instrumento ancestral al universo de los videojuegos y las series ya habla del enorme potencial que tienen estos instrumentos cuando son cultivados y abrazados por los jóvenes.

Este proyecto también llevó a Gustavo a descubrir el guitarrón chileno, un instrumento de 25 cuerdas que es como una catedral sonora. Acaba de comisionar uno, y me genera mucha ilusión pensar qué sucederá cuando lo incorpore a su lenguaje musical, quizás en una película o una serie. De ese modo, también abrimos la puerta a que instrumentos en riesgo de desaparecer encuentren una nueva vida.

Además de intérprete, eres educadora y recientemente fuiste nombrada parte de la junta directiva del Latin Grammy. ¿Cómo dialogan estos roles con proyectos que buscan preservar y proyectar la música latinoamericana?

Es un honor muy grande para mí formar parte de la Academia Latina de la Música. Es una comunidad de amantes fervorosos de la música, donde cada creador es tratado como una joya que necesita apoyo para seguir ofreciendo la singularidad de su voz.

La Academia desarrolla proyectos fundamentales de preservación, como becas para jóvenes talentos y programas de investigación. Todo eso genera una efervescencia creativa, pero también garantiza que lo que hoy está vivo pueda ser documentado y comprendido en el futuro. Debe existir una cultura que cree constantemente, pero también investigadores que escriban sobre ella. Esa mirada integral es esencial para que la música viva hoy y también pueda leerse mañana.

Tras este extenso viaje musical y humano, ¿qué huella esperas dejar con La Huella de las Cuerdas y qué te gustaría que el público descubra al escucharla?

Quisimos abrir una pequeña puerta e invitar a seguir mirando y descubriendo la infinita riqueza musical de América Latina: esa que se expresa a través de sus cuerdas y, sobre todo, a través de nuestras almas.

Berta Rojas
Abdala Oviedo