German Gálvez se encontraba dentro de la iglesia Saint Peter’s, en Midtown Manhattan, un domingo por la mañana a principios de febrero. La misa acababa de concluir y el solicitante de asilo ecuatoriano, de 47 años, esperaba junto a su hijo de siete años, Sergio, para recibir asesoría legal gratuita ofrecida por la iglesia.
Mientras otras familias revisaban sus propios documentos migratorios, con su futuro en juego, Gálvez se subió el pantalón para mostrar un monitor electrónico en su tobillo, un recordatorio constante de su detención a principios de este año y de las dificultades que ahora enfrenta para mantener a su familia económicamente estable.
A comienzos de 2026, Gálvez se convirtió en la primera persona detenida en el edificio de 26 Federal Plaza. Las autoridades lo mantuvieron bajo custodia durante cuatro días, del 8 al 12 de enero, después de que acudiera a una cita de control con agentes de inmigración de ICE.

Foto por Dean Moses.
“Nunca me habían arrestado en mi vida”, declaró Gálvez a nuestra publicación hermana, amNewYork. “Fue terrible para mí, pero al final acepté todo porque he vivido lo que nadie quisiera vivir. Por el bien de mi familia, dije: ‘Quiero que estén a salvo’”.
Detención en condiciones desesperadas
Las autoridades lo retuvieron durante dos días en el décimo piso de Federal Plaza, un lugar que el congresista estadounidense Dan Goldman y otros defensores de inmigrantes han calificado como inadecuado para mantener detenidos.
Gálvez aseguró que no tuvo acceso a una ducha ni a una cama, situación que salió a la luz en el verano de 2025 tras la filtración de un video que mostraba que los detenidos no contaban con espacios privados para dormir y debían compartir un baño.
La situación lo sumió en la desesperación, no tanto por él, sino por su familia.
“Mi corazón explotó de tristeza. Estaba muy triste”, relató Gálvez, explicando que pensaba constantemente en sus seres queridos. “Ellos dependen mucho de mí, y ya no sabía qué hacer”.
Tras su liberación, las autoridades le colocaron un monitor electrónico en el tobillo durante casi mes y medio, algo que describió como una tortura interminable.
Según el inmigrante ecuatoriano, el dispositivo le causó dolor constante y noches sin dormir, además de dificultarle el cuidado de Sergio, quien padece enfermedad renal poliquística, un trastorno que provoca la formación de quistes llenos de líquido en los riñones.

Foto por Dean Moses.
Además del dolor físico, el monitor representó una carga económica adicional. Gálvez explicó que tuvo que elegir entre comprar comida o gastar el poco dinero que tenía en vendas deportivas para aliviar el dolor.
“Me ponía unas vendas deportivas para amortiguar el dolor, pero, lamentablemente, no hay dinero para comprarlas. Cuestan entre $15 y $20, y es muy triste porque tengo que usar ese dinero en las vendas cuando podría gastarlo en un galón de leche”, confesó.
Gálvez dijo que llegó a su punto de quiebre hasta que, con la ayuda de un abogado, finalmente logró que le retiraran el monitor electrónico y sintió que se quitaba un peso de encima.
Actualmente, la familia Gálvez vive en un hotel refugio en Manhattan, donde ni siquiera se les permite cocinar. Esperan encontrar una vivienda permanente, aunque reconocen que el panorama es incierto, ya que tienen dificultades incluso para comprar alimentos.
En Ecuador, Gálvez tenía su propia casa y era dueño de un negocio, un salón de billar. Sin embargo, aseguró que tuvo que abandonarlo todo tras recibir amenazas de muerte. Según explicó, debido a la corrupción en el país, grupos políticos locales lo presionaron para permitir la venta de drogas en su establecimiento, lo que lo convirtió en víctima de varios robos e incluso de un secuestro.
Después de huir por distintas ciudades ecuatorianas para escapar de las amenazas, él y su familia abandonaron el país en noviembre de 2022.
“No podía tener nada a mi nombre porque era un blanco fácil. Me dijeron que tenía que irme porque me iban a matar. No teníamos dónde denunciar porque todo estaba corrompido por este grupo de delincuentes”, afirmó.
Gálvez, su esposa Maya —quien padece hipotiroidismo— y sus hijos llegaron a Estados Unidos en diciembre de 2022, tras un mes de viaje por varios países de América Latina. Primero se establecieron en Pensilvania y Nueva Jersey, y luego se mudaron a la ciudad de Nueva York en agosto de 2024.
Actualmente, la familia se sostiene con trabajos temporales. Su esposa limpia casas y Gálvez trabaja en construcción, aunque asegura que busca cualquier empleo que les permita salir de su situación.
Mientras espera su próxima audiencia programada para julio, Gálvez teme que el gobierno de Estados Unidos envíe a su familia de regreso a un país donde, según él, su vida correría peligro.
“Vamos a luchar para lograr una buena vida, para cuidar de mi familia lo mejor posible, para que mis hijos, que son buenas personas, puedan ayudar a fortalecer esta nación”, concluyó.

















