El padre Fabián Arias estaba sentado en su auto, en un estacionamiento de Queens, cuando colgó el teléfono. Acababa de orientar a un hombre que le suplicaba ayuda ante una próxima audiencia de inmigración en el 26 Federal Plaza.
Minutos después de dejar el celular sobre el tablero, el aparato volvió a vibrar. Otra voz, desconocida, pedía auxilio por su caso migratorio. Las llamadas llegan sin pausa, de día y de noche; algunas incluso provienen de personas detenidas por ICE. Esta escena forma parte de la rutina diaria del sacerdote.

Foto por Dean Moses
Arias, inmigrante argentino y párroco de la iglesia St. Peter’s Church en Midtown, ha dedicado su vida a acompañar a otros inmigrantes en el complejo proceso de integrarse a Estados Unidos, incluidos quienes tienen familiares detenidos por ICE. Según explica, los obstáculos que enfrentan los recién llegados no son nuevos: recuerda, por ejemplo, las redadas federales en fábricas durante la presidencia de George W. Bush.
Sin embargo, Arias aseguró a nuestra publicación hermana, amNewYork, que nunca había presenciado tácticas tan “agresivas” como las de la actual ofensiva migratoria.
“Agresivas en lo verbal, lo físico y lo psicológico. En solo un año, Trump ha sido muy agresivo con los inmigrantes, especialmente con los latinos”, afirmó Arias, al comparar la situación con la ocupación militar que vivió Argentina. “En mis 62 años nunca vi algo así. Lo único comparable fue cuando tenía 13 años y los militares ocuparon mi país durante ocho años, cuando desaparecieron 30 mil personas. Pero esto es aún más agresivo”.
En St. Peter’s Church, Arias celebra misa regularmente para una congregación mayoritariamente inmigrante, muchos de ellos con seres queridos detenidos por ICE. Tras estudiar en una escuela católica en Argentina y recibir una beca para estudiar en Nueva York en 1989, visitó la ciudad con frecuencia antes de establecerse definitivamente en 2002. Dirigió su primera parroquia en Harlem y, en 2007, inició su labor con comunidades inmigrantes junto a la New Sanctuary Coalition.

Foto por Dean Moses
Hoy, Arias se ha convertido en una figura clave para la comunidad inmigrante, alguien a quien muchos recurren en busca de orientación y esperanza. Con el apoyo de organizaciones de asistencia legal, ha contribuido a la liberación de varias personas detenidas por ICE. Pero el peso de esa labor es grande y, según reconoce, convive con más dolor que alegría.
Aunque St. Peter’s Church funciona como refugio para quienes sufren, el dolor se percibe en el ambiente debido a las separaciones —muchas veces violentas— que han marcado a numerosas familias.
“Me siento privilegiado porque soy ciudadano. Ojalá todos fueran tratados con la misma igualdad; ese es mi sueño”, expresó Arias. “Hoy enfrentamos una situación muy diabólica con esta administración, y le pido a Dios que transforme sus corazones y los mueva hacia el bien”.

Foto por Dean Moses
Pero Arias no se limita a la oración. También actúa.
Cada domingo, después de misa, organiza sesiones con abogados para ofrecer orientación legal a familias afectadas por la ofensiva migratoria. Además, trabaja con grupos de voluntarios y acompaña a familias a sus audiencias en el 26 Federal Plaza.
Allí se enfrenta cara a cara con agentes de ICE encapuchados que detienen a personas durante citas judiciales obligatorias y las sacan del lugar. Arias ha sido testigo de algunos de los episodios más tensos de las detenciones federales en Nueva York, incluidos momentos en los que agentes hirieron a periodistas y cuando un supervisor de ICE empujó al suelo a una madre inmigrante.
“He visto lo vulnerables que están estas personas, y no hay compasión”, relató. “Recuerdo el caso de Mónica, cuando le dijo a un agente: ‘Llévenme a mí, no a mi esposo’. En cada caso, yo quiero decir lo mismo: llévenme a mí, no a ellos”.
Arias reconoce que no puede sostener esta labor solo y que depende del apoyo de decenas de voluntarios. Sin embargo, el riesgo constante de enfrentarse a agentes federales encapuchados ha resultado demasiado para muchos. Según explicó a amNewYork, cerca del 40% de sus voluntarios ha abandonado el trabajo por miedo.
“Entiendo ese temor”, dijo. “En este momento existe un riesgo real”.
El propio Arias tampoco es ajeno a la intimidación. En una ocasión, al regresar al país tras un viaje, agentes lo llevaron a una sala de interrogatorios en el aeropuerto JFK y lo cuestionaron sobre su historial. El sacerdote cree que se trató de una táctica para intimidarlo.
Aun así, no se ha dejado amedrentar y continúa ayudando a los inmigrantes, tanto en lo legal como en lo humano.

Foto por Dean Moses
Cada martes organiza una gran distribución de alimentos en Jackson Heights para inmigrantes que enfrentan inseguridad alimentaria. El sacerdote recorre distintos puntos de Queens: recoge pan, compra alimentos en supermercados y coordina donaciones financiadas por feligreses y miembros de la comunidad. Se le ve empujando un carrito entre nieve y hielo mientras reúne provisiones para quienes más lo necesitan, además de coordinar la llegada de camiones cargados con comida.
Una avalancha de llamadas, la defensa de los derechos migratorios y la búsqueda semanal de alimentos definen la vida de Arias. Aunque admite sentirse exhausto, asegura que no se rendirá y que seguirá apoyando a quienes lo necesiten, mientras la sombra de ICE continúa extendiéndose sobre la ciudad.
“Hoy ICE está en todas partes”, concluyó. “En muchos casos, están frente a las casas y frente a los lugares de trabajo”.

Foto por Dean Moses


















